martes, 10 de abril de 2012

Te quiero hijo

Éstos son mis pensamientos mientras conduzco y llevo a mi hijo a la escuela: Buenos días, hijo. Estás muy guapo con tu equipo de boy-scout, no tan gordo como tu viejo cuando él era el boy-scout. No creo haber llevado nunca el pelo tan largo hasta que entré en la universidad, pero seguro que, de todas maneras, te reconocería: un poquito desaliñado cerca de las orejas, arrastrando los pies, con las rodilleras arrugadas... Nos vamos acostumbrando el uno al otro...
Ahora que tienes ocho años me doy cuenta de que ya no te veo tanto como antes.

El Día de la Hispanidad saliste de casa a las nueve de la mañana. A la hora de almorzar te vi durante cuarenta y dos segundos, y reapareciste a las cinco para merendar. Te echo de menos, pero sé que hay asuntos serios que te tienen ocupado. Seguramente tan serios como las cosas que van haciendo por el camino los demás viajeros, quizá incluso más importantes.
Tú tienes que crecer y madurar, eso es más importante que preocuparme por la bolsa, preparar opciones de compra o pasar la vida discutiendo con los empleados. Tienes que aprender qué eres y qué no eres capaz de hacer... y, además, aprender a vivir con tus particularidades. Tienes que llegar a conocer a la gente y saber cómo se comportan cuando no están satisfechos consigo mismos... como los aprendices de matón que se instalan en el parking de bicicletas para fastidiar a los más pequeños. También tendrás que aprender a fingir que los insultos no te importan.
Te importarán siempre, pero aprenderás a disimularlo para que la próxima vez no te digan cosas peores. Lo único que espero es que te acuerdes de cómo se siente uno en ese caso... por si alguna vez tú te decides a hostigar a algún niño más pequeño.
¿Cuándo fue la última vez que te dije que estaba orgulloso de ti? Sospecho que, si no puedo recordarlo, tengo que ponerme al día en la tarea. Recuerdo la última vez que te grité —fue para advertirte que llegarías tarde a la escuela si no te dabas prisa—, pero en resumidas cuentas, como solía decir Nixon, no has recibido de mí tantas palmadas afectuosas como alaridos. Para que tomes nota, en caso que leas esto, estoy orgulloso de ti. Me gusta especialmente tu independencia, la manera que tienes de cuidarte sin ayuda, aunque a mí a veces me dé un poco de miedo. Nunca has sido un llorón y eso te convierte en un chico muy especial, según mis normas.
¿Por qué será que a los padres nos cuesta tanto darnos cuenta de que un niño de ocho años necesita tantos abrazos como uno de cuatro? Si yo mismo no me controlo, pronto estaré cogiéndote del brazo y diciéndote: «¿Qué te cuentas, chaval?», en vez de abrazarte y decirte cuánto te quiero. La vida es demasiado corta para andar disimulando el afecto. ¿Por qué a los niños de ocho años os cuesta tanto daros cuenta de que quienes tenemos treinta y seis necesitamos tantos abrazos como un chiquillo de cuatro?
No sé si me acordé de decirte que estoy orgulloso de que vuelvas a comerte el almuerzo que te prepara tu madre, después de haber pasado una semana comiendo esos indigeribles bocadillos de salchicha de la cantina de la escuela. Me alegro de que valores y respetes tu cuerpo.
Ojalá el trayecto no fuera tan corto... quería hablarte de lo que pasó anoche... cuando tu hermano menor ya dormía y dejamos que te quedaras levantado para ver el partido de béisbol de los Yankees. Ésos son momentos muy especiales y no hay manera de planearlos por anticipado. Cada vez que proyectamos hacer algo juntos, no sale tan bien ni es tan interesante o tan afectuoso. Durante unos pocos minutos, demasiado cortos, fue como si ya fueras un adulto y estuviéramos sentados charlando, pero sin ninguna pregunta de ésas de cómo te va en la escuela. Yo ya había verificado tus deberes de matemáticas de la única forma que puedo... con una calculadora. Tú eres mucho mejor que yo con los números. Estuvimos hablando del partido y tú sabías más que yo de los jugadores, así que estuve aprendiendo de ti. Y cuando los Yankees ganaron, los dos estábamos encantados.
Bueno, ahí está el guardia urbano. Probablemente vivirá más que todos nosotros. Ojalá no tuvieras que ir hoy a la escuela. Hay tantas cosas que quisiera decirte...
Sales del coche tan rápidamente. Yo quisiera saborear el momento, pero tú ya has divisado a un par de amigos tuyos.
Lo único que quería decirte es que te quiero...

Victor B. Miller

He llegado a la conclusión.

"He llegado a la conclusión aterradora de que yo soy el elemento decisivo en mi vida. Yo poseo el tremendo poder para hacer mi vida miserable o alegre. Para con otros y conmigo mismo, yo puedo ser una herramienta de tortura o un instrumento de inspiración. Es mi respuesta que decide si una crisis se escala o no. Son mis acciones que deciden si yo me ennoblezco o me degrado, y si humanizan o deshumanizan a los demás. Yo soy el poder en mi vida."

 Johann Goethe
Filósofo alemán (1749-1832)


jueves, 5 de abril de 2012

Maktub

Está claro que, a medida que envejecemos,
nuestra cota de momentos difíciles es mayor.
Pero, al mismo tiempo, la experiencia nos ha dado
medios para superar estas derrotas y encontrar
el camino que nos permite seguir adelante.

- Paulo Coelho -
(Maktub)

El río de la vida

Entre las orillas del dolor y el placer
fluye el río de la vida.

Sólo cuando la mente se niega
a fluir con la vida
y se estanca en las orillas,
se convierte en un problema.

Fluir con la vida quiere decir aceptación;
dejar llegar lo que viene y dejar ir lo que se va.

Tú no eres lo que sucede, eres a quien le sucede.

Sri Nisargadatta Maharj
(Maestro del linaje Tántrico Nath)

Descubrirse profundamente

Es preciso estar atento al desorden
que hay dentro de uno mismo,
atento a las contradicciones, a las luchas,
a los deseos opuestos,
atento a las actividades ideológicas
y a su irrealidad.
Uno ha de observar "lo que es" sin condenar,
sin juzgar, sin evaluar en absoluto.

- Jiddu Krishnamurti  -


La valentía

Recuerda: valiente no quiere decir sin miedo.
No puedes llamar valiente a una persona que no tiene miedo.
No puedes decir que una máquina es valiente; no tiene miedo.
La valentía existe, pero sólo en el océano del miedo,
la valentía es una isla en el océano del miedo.
Tienes miedo, pero a pesar del miedo, te arriesgas,
eso es valentía.
Tiemblas, tienes miedo de adentrarte en la oscuridad,
pero lo haces.
Ir a pesar de tí mismo; ese es el significado de valiente.
No quiere decir sin miedo. Quiere decir lleno de miedo,
pero no dominado por el miedo.

OSHO


Camino a la superación

El navegante sabe que mientras el alma
dirige mágicamente la travesía,
el barco le pertenece.

Bajo ninguna condición
permitirá que nadie ajeno
domine el timón.

Enrique Mariscal
(Escritor, profesor de Filosofía y Psicólogo)