lunes, 17 de septiembre de 2012

El otro como espejo


Carla y Judit habían entrado a trabajar en HumanKey con apenas un mes de diferencia. Carla estaba desde el primer día en aquella agencia de trabajo temporal. A pesar de la crisis, la respuesta de las empresas había sido tan buena que pronto hubo que contratar a una segunda telefonista para atender las llamadas.

Al igual que Carla, en las entrevistas personales y los test antes de ser contratada, Judit había demostrado tener una notable empatía con sus interlocutores, además de hablar fluidamente cuatro idiomas. Sobre el papel, habían dado con la dupla perfecta. En la práctica, sin embargo algo se estaba pudriendo en aquel frente clave para la oficina.
La primera señal de preocupación saltó cuando la gerente detectó un extraño silencio entre aquellas dos mujeres de edad y formación parecidas. Nunca se las veía compartir un café y apenas intercambiaban algunos monosílabos a lo largo de la jornada.
La crisis definitiva explotó un lunes por la mañana, cuando Carla fue descubierta llorando en el lavabo mientras su teléfono no cesaba de sonar. Judit tampoco parecía encontrarse en su mejor día, ya que se equivocó al redireccionar dos llamadas.
 
Ante aquella situación y sin más demora, la gerente convocó al jefe de personal para pedirle explicaciones sobre la situación.
-No entiendo lo que está pasando -se disculpó el hombre.
-Ambas empleadas tienen un currículum intachable. No me consta que ninguna de ellas sea conflictiva. Según nuestros protocolos, sus perfiles no pueden ser más adecuados para el cargo que ocupan.
-En este caso, quiero hablar individualmente con cada una de ellas -dijo la gerente.
 
La primera en entrar al despacho fue Carla. Con treinta años recién cumplidos, vestía un impecable traje de chaqueta y llevaba el pelo moreno recogido en un moño. La dulce musicalidad de su voz recordaba a las eficientes azafatas de las peliculas.
Tras estudiarla con atención, la máxima responsable de la agencia decidió tomar el toro por los cuernos,
-Creo que ha tenido un mal día -la tuteó como era de costumbre entre el personal de HumanKey -Ahora que las líneas telefónicas estan cerradas hasta mañana, me gustaría saber si puedo ayudarte de alguna manera. Soy toda oídos.
-Pues, la verdad es que... -la telefonista se sonrojó. -En realidad no sé cómo explicar lo que ha sucedido esta mañana. Siento mucho haber abandonado mi puesto. Prometo que no volverá a suceder.
-Tampoco su compañera ha estado muy fina. Ha pasado dos veces a nuestro mejor cliente con el departamento equivocado.
-Judit es una profesional extraordinaria -se apresuró Carla a defenderla. -Seguro que este lapsus tampoco se volverá a repetir.
 
La gerente suspiró comprensiva y dijo:
-No es el error lo que me preocupa, sino que es obvio que no os lleváis bien. Esa negatividad se acaba transmitiendo a los clientes, que acuden a nosotros en busca de soluciones, no de problemas.
-Lo entiendo perfectamente -se ruborizó nuevamente Carla. -Nada de esto sucedería si no fuera porque... Si, estoy convencida de que Judit me odia.
-¿Cómo has llegado a esta conclusión?
-Aunque llegó después de mí, desde el primer día me ha tratado como a una enemiga. Es muy fría conmigo y todo parece molestarle, incluso mi tono de voz al atender a los clientes. He tratado de entenderme con ella pero es imposible. Está todo el día de mal humor y cuando intento ser amable me rehúye la mirada. No hay duda de que me odia.
 
Minutos más tarde, la gerente recibió en su despecho a Judit. Igual que su compañera, vestía un traje chaqueta. Llevaba el pelo corto castaño a la altura de las orejas, lo que le daba un aire "retro" que casaba con el empleo de telefonista.
La voz diáfana de Judit se hizo oír antes de que su jefa la interpelara.
-Siento mucho haber estado tan torpe esta mañana. No volverá a ocurrir.
-Acabas de hablar como tu compañera, prácticamente con las mismas palabras. -¿Po qué la tratas con tanta frialdad? ¿No te cae bien?
-¿Eso ha dicho Carla? -los ojos de Judit expresaban indignación. -Desde que llegué he intentado hacerme su amiga, pero me rehúye la mirada y parece molestrale todo de mí, incluso mi voz. Me odia.
 
La gerente tuvo que contener la sonrisa al llamar al jefe de personal para que volviera a citar a Carla.
 
Ahora las dos telefonistas, visiblemente nerviosas, estaban sentadas ante su jefa a la espera de lo que -temían- podía terminar en un despido para ambas.
-Vuestros roces no está ocasionados por diferencias de carácter -empezó la gerente -sino por todo lo contrario: vosotras dos sois demasiado iguales.
-¿Qué quiere decir con eso? -preguntó Carla mirando aturdida a su compañera.
-Hablaré en plata, no me ando con rodeos. Las dos sois hipersensibles, lo cual es positivo para la buena atención al cliente, pero vuestro punto débil es que vais necesitadas de afecto. Sois ordenadas y cumplidoras en extremo, pero os ofendéis demasiado rápido y sospecháis hasta de vuestra sombra.
-Eso no es cierto -se encendió Judit lanzando una mirada cómplice a su compañera. -Estamos exagerando un malentendido que...
-Seguro que si indagara en vuestras vidas, hallaría muchas afinidades, ya que habéis utilizado incluso las mismas palabras para hablar del conflicto. Por ejemplo, las dos vivís solas y vuestro currículum muestra que tenéis aficiones muy parecidas. ¿Por qué no resolvéis vuestras diferencias, o mejor dicho, vuestras coincidencias mañana sábado con un partido de tenis?
 
Las operadoras se escandalizaron a la vez ante aquella idea, aunque era cierto que las dos le daban a la raqueta.
 
-Resumiendo, chicas -concluyó la gerente. -Si no queréis sudar en la pista de tenis, salid a cenar esta noche y compartid una botella de vino. Seguro que, tras el deshielo, lo vais a pasar en grande. ¿Sabéis? Solo nos molesta de los demás lo que también hay en nosotros. Quien parece un enemigo es en realidad un espejo que nos muestra cómo somos. Lo que nos separa es, en realidad, aquello que nos une.
 
Un escrito de Francesc Miralles
Escritor, periodista, traductor y músico.
Paralelamente a su carrera de novelista, ha escrito numerosos libros de psicología y crecimiento personal
 

jueves, 13 de septiembre de 2012

El sentido del humor y la muerte

 

"El sentido del humor da ternura a la muerte" entrevista a Fidel Delgado por Gema Salgado
Desde hace treinta años, el psicólogo Fidel Delgado acompaña a personas con enfermedades terminales y enseña a profesionales de la salud y cuidadores cómo pueden ayudar a "morir bien". Asegura que mantener en forma la lucidez, cultivando el sentido del humor y soltando lo que ya no nos sirve, nos permitirá vivir con sentido y encarar la muerte con conciencia y sin dramatismos.

¿Por qué nos aterra tanto la idea de la muerte?
No todas las personas tenemos miedo. En nuestro interior, hay una esencia que nos pide cambiar y que considera imprescindible soltar las formas de vida que caducan. Pero, en una forma más superficial de la existencia -donde nos identificamos con una manera de pensar, de relacionarnos, de vivir los cambios...-, nos aterra que algo se termine.
El miedo a morir es más una cuestión de ego que de yo profundo, porque una visión más amplia del vivir evidencia que la existencia es un fluir constante y que ninguna forma es estable. Sería una desgracia que me quedara en el día más feliz de mi vida. Vivir es precisamente renovación.

¿Cómo podemos superar este miedo primigenio, raiz de todos los miedos que vivimos?
Los miedos, más que superarlos, hay que comprenderlos. En vez de pelearnos con ellos, hay que reconocerles su función como protectores biológicos para que no nos envenenemos, no nos quememos, no nos caigamos...
Y, luego, debemos comprender que, cuando se extienden a otras áreas de la vida y la limitan, se convierten entonces en un obstáculo y dejan de tener eficacia. En cuanto al miedo a la muerte, lo podemos dejar atrás si ensanchamos la compresión sobre la vida: la vida no se termina; se terminan formas de vida. Pero el vivir en mí, el vivir que soy, no se termina.

Aunque nuestra conciencia sea inmortal, nos sigue entristeciendo saber que moriremos...
Si hemos soltado bien, seguramente ni tú ni yo recuerda anteayer con pena. Probablemente quedó en su sitio lo que comimos, lo que hablamos, lo que nos reímos... Anteayer caducó gloriosamente.
Creo que esta es la esencia del asunto, que el vivir sea pleno y que cada día, que tiene su afán, se redondee y se deje atrás, se suelte.

¿Cuál es la mejor manera de despedir a un ser querido que está a punto de morir?
La clave está en no añadir más dificultad a un tránsito que es complejo y acompañar de la mejor manera posible, con nuestra comprensión y lucidez. Debemos comprender que no hay un modo ideal de morir, no se puede exigir a alguien que se muera según el manual de la muerte consciente. Se trata de acompañar a la persona en su tránsito y nada más.

Usted utiliza el sentido del humor para la curación del alma. ¿Nos iría mejor en todos los ámbitos si nos tomáramos la vida con menos rigor?
El humor es un derivado de la ternura y de la comprensión. Nos quita, en primer lugar, importancia a nosotros mismos y, luego, a nuestras formas de organizar las cosas. Aunque hay un refrán que dice "No vayas cantando donde están llorando", el humor da ternura a la muerte y nos ayuda a no endurecer todavía más la situación con nuestro propio miedo.

¿Qué nos aconseja para vivir felices y despegados y tener una muerte en consonancia?
Yo no he buscado nunca la felicidad; viene de la mano y fluye sola de la lucidez. La conciencia o lucidez va diluyendo los miedos y la ignoracia, que conforman el sufrimiento. Entonces, nos encontramos simplemente con que la vida hace más luminosa, fluida, y tal vez eso es sinónimo de felicidad.

Fidel Delgado
Psicólogo clínico. Formador en el arte de la transformación consciente y férreo defensor del sentido del humor, que como asegura, es salud.
Es autor de "Saber cuidarse para poder cuidar" (PPC Ed.)

domingo, 2 de septiembre de 2012

La búsqueda interior

El hábito de buscar problemas fuera antes que dentro suele generar personas infelices, concentradas en los defectos de su pareja o los demás, a los que atribuyen sus situaciones de estancamiento. Están convencidos de que el problema está "allí afuera" y de que si "los otros" entraran en razón o simplemente desaparecieran, el conflicto estaría resuelto.

Para hallar soluciones duraderas sugiero moverse en sentido inverso: de dentro a fuera, y empezar por uno mismo.
El enfoque de "dentro hacia fuera" dice que las victorias privadas preceden a las públicas, que debemos hacernos promesas a nosotros, y mantenerlas, antes de hacerlas en el exterior. Dice también que es útil tratar de mejorar las relaciones con los demás antes de mejorarnos a nosotros mismos.

Stephen R. Covey.
Fracmento de su libro:
"Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva"

domingo, 26 de agosto de 2012

El árbol muerto

Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vió desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos.

Mi padre dijo: "Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco".

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó: "Nunca olvides esta importante lección. Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso. Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá".

                                                             Robert Schuller

lunes, 20 de agosto de 2012

Resolviendo problemas



El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un monasterio Zen. Cierto día, el Guardián murió y fue preciso sustituirlo.

El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.

-Voy a presentarles un problema -dijo el Gran Maestro- y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.

Terminado su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala. Encima estaba un florero de porcelana, seguramente carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.

-Este es el problema -dice el Gran Maestro. -Resuélvanlo.

Los discípulos contemplaron perplejos el "problema", por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?

Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el "problema", hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

-¡¡Al fin alguien lo hizo !!! - exclamó el Gran Maestro-. Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años. Usted es el nuevo guardián.

Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó:

-Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un "problema". No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado. Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado, por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort...

-...."Solo existe una manera de lidiar con un problema": atacándolo de frente. En esas horas, no se puede tener piedad, ni ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.

Recuerda que un problema, es un problema. No tiene caso tratar de "acomodarlo" y darle vueltas, si al fin y al cabo ya no es otra cosa más que "Un Problema". Déjalo, hazlo a un lado y continúa disfrutando de lo hermoso y lo que vale en la vida. No huyas de él... acaba con él.

Autor: Roberto Yamamoto
Libro: Vida Positiva

lunes, 13 de agosto de 2012

La sensación que me produce amarte.

Un niño sintió que se le rompía el corazón cuando encontró, junto al estanque, a su querida tortuga patas arriba, inmóvil y sin vida.
Su padre hizo cuanto pudo por consolarlo: “No llores, hijo. Vamos a organizar un precioso funeral por el señor Tortuga. Le haremos un pequeño ataúd forrado en seda y encargaremos una lápida para su tumba con su nombre grabado. Luego le pondremos flores todos los días y rodearemos la tumba con una cerca”.
 
El niño se secó las lágrimas y se entusiasmó con el proyecto. Cuando todo estuvo dispuesto, se formó el cortejo -el padre, la madre, la criada y, delante de todos, el niño- y empezaron a avanzar solemnemente hacia el estanque para llevarse el cuerpo, pero éste había desaparecido.

De pronto, vieron cómo el señor Tortuga emergía del fondo del estanque y nadaba tranquila y gozosamente. El niño, profundamente decepcionado, se quedó mirando fijamente al animal y, al cabo de unos instantes, dijo: “Vamos a matarlo”. 

En realidad, no eres tú lo que me importa, sino la sensación que me produce amarte. 

Un relato de Anthony de Mello

miércoles, 1 de agosto de 2012

El Miedo (Antiguo relato oriental)

Los efectos del miedo son devastadores, este antíguo relato oriental te da un ejemplo.
Espero os ayude tanto como lo hizo conmigo

EL MIEDO

Un día un peregrino se encontró con la Plaga ...
y le preguntó adónde iba:
- A Samarkanda -le contestó-;
me tengo que llevar a cuatrocientas personas.

Pasó una semana y cuando el peregrino
se volvió a encontrar con ella
que regresaba de su viaje
la interpeló indignado:
- ¡Me dijiste que ibas a matar
sólo a cuatrocientas personas
y mataste a tres mil!

La Plaga le respondió verazmente:
- ¡Eso no fue así!
Yo sólo maté a cuatrocientas,
como te previne.
A las otras dos mil seiscientas
no las maté yo:
las mató el Miedo."

(Antíguo relato oriental)